lunes, 23 de septiembre de 2024

Las vanguardias artísticas del siglo XX


VANGUARDIA (Derivado del francés avant garde, “vanguardia”.)


Salvador Dalí, Persistencia de la memoria, 1932.


Con este nombre se designan los movimientos artísticos y literarios que nacen en el siglo XX, aproximadamente desde 1910 a 1939. Su época de esplendor es hacia 1920, a partir de 1930 decaen.



Contamos, entre otros movimientos de vanguardia, con el Futurismo, Expresionismo, Cubismo, Ultraísmo, Dadaísmo, Superrealismo (Surrealismo), Imaginismo, Hermetismo, y un largo etcétera.



Salvador Dalí, figura del Surrealismo; Pablo Picasso, referente del Cubismo.




Los rasgos esenciales del vanguardismo son:

1) La existencia de muchos movimientos con una vida efímera, pues la continua experimentación es la base del arte, esta trae consigo la fugacidad de las corrientes artísticas: algunas apenas influyen pues son modas pasajeras, otras dejan profundas huellas.

2) Expresión de sus ideas mediante manifiestos (escritos en los que se hace pública una declaración de doctrinas o propósitos de interés general).

3) Afectan a las artes en general, y rompen las barreras de las artes y las letras: músicos, escultores, pintores, escritores, cineastas, etcétera, se dan cita en la renovación expresiva, y buscan una nueva unidad.

4) Deseo de ser originales, abrir nuevos caminos, crear para el futuro: son la avanzada de su época, y se oponen con virulencia a las estéticas pasadas (Realismo, Naturalismo, Romanticismo, etc.).

5) Su público es minoritario, se reúnen en cafés, se aglutinan en torno a las revistas y desde ellas lanzan sus manifiestos ; están alejados del gran público, con el paso del tiempo, algunos de sus logros formales y temáticos se han acercado a la mayoría.  


Extracto del Diccionario Akal de términos literarios

martes, 2 de abril de 2024

La Ilustración

Ilustración (De ilustrar, y éste del latín ilustrare, "alumbrar, sacar a la luz".)

François Marie Arouet, Voltaire
(1694-1778)




       Movimiento cultural europeo que abarca aproximadamente desde 1720 a 1770, más o menos desde la muerte de Luis XIV hasta la crisis que desembocará en la Revolución Francesa; de alguna manera, por su carácter prerrevolucionario, la anticipa.

       Sus raíces hay que buscarlas en el Renacimiento, en el empirismo y en el racionalismo de los filósofos del siglo XVII (Descartes, Hobbes, Leibniz, Locke, etc.). La situación política permite que en Gran Bretaña surjan algunos de los rasgos esenciales de esta tendencia, que se asienta definitivamente en Francia, desde donde se difunde al resto del continente y a América.

       Señalaremos tres pilares fundamentales de este movimiento:

       I) Confianza ciega en el poder de la razón humana que hará posible el progreso (de ahí que se hable del Siglo de las Luces o de la Razón"). Se anhela la prosperidad económica como trampolín para conseguir la libertad; esto hace que se ensalce el mercantilismo; la literatura recoge estos nuevos temas.

       II) Creencia en la felicidad humana con fines utilitarios.

       III) Laicismo en la cultura: los valores culturales y científicos suplantan a los religiosos: se proclama la tolerancia en materia religiosa; muchos ilustrados son deístas y creen en Dios, pero rechazan la religión,otros son ateos y un número importante católicos, principalmente en España. Hay un ataque a las formas religiosas tradicionales plagadas de fanatismo y superstición.

        La Ilustración trae un fuerte espíritu crítico, se discute y se analiza todo, el término crítica se pone de moda, se practica una crítica demoledora por medio de análisis o de la ridiculización, que afecta tanto a la política como a la sociedad. Los ilustrados exaltan la individualidad del ser humano, toman conciencia de su libertad.                                                                 
                                          Diccionario de términos literarios, edit. AKAL.

"Cándido" capítulos I-IV



miércoles, 4 de agosto de 2021

Charles Baudelaire

 


Al lector

La estupidez, el error, el pecado, la angurria,
ocupan nuestras almas, trabajan nuestros cuerpos,
y alimentamos nuestros blandos remordimientos,
como los pordioseros nutren a sus gusanos.

Nuestros pecados, tercos; nuestro arrepentir, débil;
con creces nos hacemos pagar las confesiones,
y volvemos alegres al camino fangoso,
creyendo nuestras manchas lavar con viles lloros.

En la almohada del mal es Satán Trimegisto
quien largamente acuna nuestro encantado espíritu,
y el precioso metal de nuestra voluntad
íntegro lo evapora este sabio alquimista.

¡Es el diablo quien tiene los hilos que nos mueven!
Atractivo encontramos en cosas repugnantes;
cada día al infierno descendemos un paso,
sin horror, a través de tinieblas que apestan.

Cual pobre depravado que besa y que devora
el seno flagelado de una antigua ramera,
robamos al pasar un placer clandestino
que muy fuerte exprimimos como naranja vieja.

Apretado, hormigueante, como un millón de helmintos,
un pueblo de demonios se harta en nuestros cerebros,
y cuando respiramos, la Muerte a los pulmones
baja, invisible río, con apagadas quejas.

Si el estupro, el veneno, el puñal, el incendio,
no bordaron aún con graciosos dibujos
el banal cañamazo de nuestro ruin destino,
¡ay! es que nuestra alma no es bastante atrevida.

Pero entre los chacales, las panteras, las perras,
los buitres, las serpientes los monos y escorpiones,
los monstruos gruñidores, aullantes, trepadores,
en el infame circo de nuestros propios vicios,

hay uno que es más feo, más malo, más inmundo!
aunque no gesticulo y no profiera gritos,
haría con placer de la tierra una ruina
y en medio de un bostezo se tragaría al mundo;

¡Es el TEDIO! -los ojos cargados de un llanto involuntario,
él sueña con patíbulos mentiras fuma su pipa.
Tu conoces, lector, al monstruo delicado,
-hipócrita lector, -mi prójimo, -mi hermano!



Leer más: https://encontrandolaclase.webnode.com.uy/fotogaleria/charles-baudelaire/

Al lector

La estupidez, el error, el pecado, la angurria,
ocupan nuestras almas, trabajan nuestros cuerpos,
y alimentamos nuestros blandos remordimientos,
como los pordioseros nutren a sus gusanos.

Nuestros pecados, tercos; nuestro arrepentir, débil;
con creces nos hacemos pagar las confesiones,
y volvemos alegres al camino fangoso,
creyendo nuestras manchas lavar con viles lloros.

En la almohada del mal es Satán Trimegisto
quien largamente acuna nuestro encantado espíritu,
y el precioso metal de nuestra voluntad
íntegro lo evapora este sabio alquimista.

¡Es el diablo quien tiene los hilos que nos mueven!
Atractivo encontramos en cosas repugnantes;
cada día al infierno descendemos un paso,
sin horror, a través de tinieblas que apestan.

Cual pobre depravado que besa y que devora
el seno flagelado de una antigua ramera,
robamos al pasar un placer clandestino
que muy fuerte exprimimos como naranja vieja.

Apretado, hormigueante, como un millón de helmintos,
un pueblo de demonios se harta en nuestros cerebros,
y cuando respiramos, la Muerte a los pulmones
baja, invisible río, con apagadas quejas.

Si el estupro, el veneno, el puñal, el incendio,
no bordaron aún con graciosos dibujos
el banal cañamazo de nuestro ruin destino,
¡ay! es que nuestra alma no es bastante atrevida.

Pero entre los chacales, las panteras, las perras,
los buitres, las serpientes los monos y escorpiones,
los monstruos gruñidores, aullantes, trepadores,
en el infame circo de nuestros propios vicios,

hay uno que es más feo, más malo, más inmundo!
aunque no gesticulo y no profiera gritos,
haría con placer de la tierra una ruina
y en medio de un bostezo se tragaría al mundo;

¡Es el TEDIO! -los ojos cargados de un llanto involuntario,
él sueña con patíbulos mentiras fuma su pipa.
Tu conoces, lector, al monstruo delicado,
-hipócrita lector, -mi prójimo, -mi hermano!



Leer más: https://encontrandolaclase.webnode.com.uy/fotogaleria/charles-baudelaire/

Al lector

La estupidez, el error, el pecado, la angurria,
ocupan nuestras almas, trabajan nuestros cuerpos,
y alimentamos nuestros blandos remordimientos,
como los pordioseros nutren a sus gusanos.

Nuestros pecados, tercos; nuestro arrepentir, débil;
con creces nos hacemos pagar las confesiones,
y volvemos alegres al camino fangoso,
creyendo nuestras manchas lavar con viles lloros.

En la almohada del mal es Satán Trimegisto
quien largamente acuna nuestro encantado espíritu,
y el precioso metal de nuestra voluntad
íntegro lo evapora este sabio alquimista.

¡Es el diablo quien tiene los hilos que nos mueven!
Atractivo encontramos en cosas repugnantes;
cada día al infierno descendemos un paso,
sin horror, a través de tinieblas que apestan.

Cual pobre depravado que besa y que devora
el seno flagelado de una antigua ramera,
robamos al pasar un placer clandestino
que muy fuerte exprimimos como naranja vieja.

Apretado, hormigueante, como un millón de helmintos,
un pueblo de demonios se harta en nuestros cerebros,
y cuando respiramos, la Muerte a los pulmones
baja, invisible río, con apagadas quejas.

Si el estupro, el veneno, el puñal, el incendio,
no bordaron aún con graciosos dibujos
el banal cañamazo de nuestro ruin destino,
¡ay! es que nuestra alma no es bastante atrevida.

Pero entre los chacales, las panteras, las perras,
los buitres, las serpientes los monos y escorpiones,
los monstruos gruñidores, aullantes, trepadores,
en el infame circo de nuestros propios vicios,

hay uno que es más feo, más malo, más inmundo!
aunque no gesticulo y no profiera gritos,
haría con placer de la tierra una ruina
y en medio de un bostezo se tragaría al mundo;

¡Es el TEDIO! -los ojos cargados de un llanto involuntario,
él sueña con patíbulos mentiras fuma su pipa.
Tu conoces, lector, al monstruo delicado,
-hipócrita lector, -mi prójimo, -mi hermano!



Leer más: https://encontrandolaclase.webnode.com.uy/fotogaleria/charles-baudelaire/

 Al lector


La estupidez, el error, el pecado, la angurria,
ocupan nuestras almas, trabajan nuestros cuerpos,
y alimentamos nuestros blandos remordimientos,
como los pordioseros nutren a sus gusanos.

Nuestros pecados, tercos; nuestro arrepentir, débil;
con creces nos hacemos pagar las confesiones,
y volvemos alegres al camino fangoso,
creyendo nuestras manchas lavar con viles lloros.

En la almohada del mal es Satán Trimegisto
quien largamente acuna nuestro encantado espíritu,
y el precioso metal de nuestra voluntad
íntegro lo evapora este sabio alquimista.

¡Es el diablo quien tiene los hilos que nos mueven!
Atractivo encontramos en cosas repugnantes;
cada día al infierno descendemos un paso,
sin horror, a través de tinieblas que apestan.

Cual pobre depravado que besa y que devora
el seno flagelado de una antigua ramera,
robamos al pasar un placer clandestino
que muy fuerte exprimimos como naranja vieja.

Apretado, hormigueante, como un millón de helmintos,
un pueblo de demonios se harta en nuestros cerebros,
y cuando respiramos, la Muerte a los pulmones
baja, invisible río, con apagadas quejas.

Si el estupro, el veneno, el puñal, el incendio,
no bordaron aún con graciosos dibujos
el banal cañamazo de nuestro ruin destino,
¡ay! es que nuestra alma no es bastante atrevida.

Pero entre los chacales, las panteras, las perras,
los buitres, las serpientes los monos y escorpiones,
los monstruos gruñidores, aullantes, trepadores,
en el infame circo de nuestros propios vicios,

hay uno que es más feo, más malo, más inmundo!
aunque no gesticule y no profiera gritos,
haría con placer de la tierra una ruina
y en medio de un bostezo se tragaría al mundo;

¡Es el TEDIO! -los ojos cargados de un llanto involuntario,
él sueña con patíbulos, mientras fuma su pipa.
Tu conoces, lector, al monstruo delicado,
-hipócrita lector, -mi prójimo, -mi hermano!